jueves, 4 de noviembre de 2010

Reflexión de James Natchwey sobre el fotógrafo de guerra

En el documental sobre James Natchwey titulado "War photographer" (que próximamente compartiré), James hace al final la siguiente reflexión que creo que es buena para meditar en ella.
James Natchwey

¿Por qué fotografiar la guerra?¿Es acaso posible, eliminar un comportamiento humano que ha existido desde siempre gracias a la fotografía?


Dadas las proporciones, suena ridículo plantearlo.


Es precisamente eso lo que me motiva.
Para mí, la fuerza de la fotografía está en que llama a la humanidad.


Si la guerra niega la humanidad, la fotografía podría concebirse como algo opuesto a la guerra.


Es un ingrediente muy potente en el antídoto contra la guerra.


Cuando alguien asume el riesgo de ir a la guerra para mostrarle al resto del mundo qué es lo que pasa, está tratando de negociar la paz.


Por eso, los señores de la guerra no aprecian a los fotógrafos.

Aquello que se vive en el frente es extremadamente inmediato. No es la imagen en una revista, a 16.000 kilómetros de distancia, junto a un anuncio de relojes "Rolex". Lo que ves es dolor sin paliativos, injusticia y miseria.

Si todos pudieran ver por sí mismos, por lo menos una vez, cómo le deja el fósforo blanco la cara a un niño, el inexpresable dolor que causa un sólo disparo, o cómo la esquirla de un obús le arranca la pierna a una persona...

Si todos pudieran ver por sí mismos el miedo y el pesar, solo una vez, comprenderían que nada justifica que eso le ocurra a una persona, y mucho menos a miles.

Pero todo el mundo no puede ir, y es por eso que van los fotógrafos, para mostrar, para hacer
que lo que pasa allí llegue a su fin, para llamar la atención sobre ello.

Para crear imágenes impactantes que contrarresten el efecto de los medios y acaben con la indiferencia.

Para protestar y, con esa protesta, hacer que otros también protesten.

Lo peor es que, como fotógrafo, me aprovecho de las desgracias ajenas.

Esa idea me persigue. Todos los días. Porque sé que si algún día dejo que mi carrera sea más importante que mi compasión, habré vendido mi alma.

La única manera de justificar mi papel  es respetando a aquellos que sufren.

La medida en la que lo logro, es la medida en la que se me acepta, y en la que yo mismo puedo aceptarme.

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